En unos días se prevé la sanción definitiva de la ley de “cédula
nacional escolar” con un pretendido alcance nacional. Esto permitirá al Consejo Federal de
Educación contar con información personalizada de la trayectoria de un niño
desde jardín hasta la secundaria. Los datos que brindará, de los que tiene que
ser garantizada la privacidad, perseguirán fines valiosos: identificar a los niños no escolarizados, conocer el nivel de deserción
escolar, saber si completaron el programa de vacunación obligatoria, y con
esta información real se podrá prevenir,
actuar, reinsertar a los niños.

Sería fundamental que los docentes puedan acceder a la “cédula
nacional escolar” y que esta incluya
también el perfil del neurodesarrollo del niño cuando tiene alguna
dificultad, como así también otras particularidades que pueda presentar, y conocer las sugerencias de los especialistas
tratantes. Muchas veces algunas medidas como: “Darle más tiempo para hacer los trabajos, permitirle leer antes los
textos que se van a presentar en clase, tomar una prueba de a partes, dejarle
escribir en imprenta”, son
suficientes recomendaciones para que mejore el rendimiento y se sienta motivado.
Como consecuencia, se beneficiarán los docentes que
intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y los padres sentirán que
hay una coherencia y una mirada integral de su hijo.